El entrenador se queda con la excusa de mostrarle unos ejercicios cuando el gimnasio ya está por cerrar. Mimi la boliviana no se hace tonta, sabe bien lo que sigue cuando se quedan solos los dos. Él la recuesta en una de las camillas y ahí mismo le baja la ropa deportiva sin pedir permiso.
Se la coge erecto, agarrándola de las piernas mientras ella se tiene que aguantar para no hacer ruido. No hay música ni gente, solo el eco del lugar vacío. Es de ese porno bolivia grabado de casualidad, con la cámara apoyada en cualquier lado y la luz del techo dando de lleno. Cuando él termina de meterle, Mimi todavía se está acomodando el top. Ninguno de los dos dice nada.
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