De una se sube encima y se lo monta sin avisar. Él está acostado de espaldas, agarrándola de la cintura mientras ella marca el ritmo. En la mesa de noche hay un vaso de agua que nadie toca.
Empieza de a poco, sin apuro. Después acelera y cada bajada se oye en todo el cuarto, con la cama sonando más que los dos juntos. En esta clase de porno boliviano el ritmo lo marca ella de punta a punta, y el vaso de agua sigue ahí, sin moverse.
En un momento paran, ella se queda encima quieta, con las manos en el pecho de él. Cuando vuelve a arrancar, lo hace más despacio que al principio.
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