El che la tiene entrenando en la sala de su casa, con pesas prestadas y una colchoneta en el piso. La moza para de hacer sentadillas, se le queda mirando y le dice que ya quiere coger. No hizo falta insistirle nada.
Es que las mujeres de cochabamba no andan con vueltas. La cochabambina se queda con la polera negra, la tanga azul y las medias hasta la rodilla, nada más. Se apoya en la colchoneta y él le mete la chota desde atrás, despacito al comienzo. El ventilador zumba de fondo mientras ella se queja cada vez más fuerte. Paran un segundo para cambiar de posición y ella le pide que no termine todavía.
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