Maira Miler se pone de a cuatro en la cama y arranca el asunto sin preámbulos. Las sábanas rojas ya están hechas un desastre cuando el che la penetra por el culo, de a poco al principio, dejando que ella pida más fuerte. Ella se muerde el labio y se lleva una mano entre las piernas.
El tono cambia de golpe: la agarra del pelo y se mete hasta el fondo, sin pensarla. Pocas chicas de cochabamba aguantan ese ritmo, y menos por ahí atrás, pero ella pide más, se acomoda sola y vuelve a ponerse en cuatro sin que nadie se lo pida.
Cuando él se sale, ella queda tirada en las sábanas rojas con las piernas todavía temblando y la cara en la almohada. En la pieza solo queda el aire pesado y un ventilador quejándose en una esquina.
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