La jefa me llamó a su despacho cuando ya casi no quedaba nadie. Cerró la puerta con llave y me dijo que el aumento tenía una condición. Se bajó la blusa sin decir una palabra más y ahí quedaron sus pechotas al aire, sin apuro y sin nada montado.
Ella se puso a trabajar de boca como si llevara tiempo pensando en eso. Después se subió encima y se la montó entera, jadeando cada vez que yo la agarraba de las nalgas. El teléfono suena una vez sobre el escritorio. Ninguno lo contesta.
Antes de salir se arregla la falda y me dice que mañana firmo el papel. Sale primero y yo me quedo un rato más, todavía sin aire. Cuando bajo, en el ascensor sigo acomodándome la camisa.
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