Agatha no pierde tiempo. La moza se arrodilla frente al che y arranca a mamarle despacio, con una calma que no pega con las ganas que se le notan. Todavía trae puesto el vestido de leopardo, subido hasta la cintura, y la ropa interior roja le quedó chueca de tanto revolcarse. La cama cruje apenas ella se acomoda.
Él apoya una mano en su nuca pero ella marca el ritmo, y de cuando en cuando lo suelta para respirar. A un costado de la cama queda un vaso a medio terminar, nadie lo toca. Es porno boliviano gratis de esos que se graban en la pieza, con la luz del velador y sin ningún guion. Ella se pasa el pelo detrás de la oreja, mira un segundo hacia la puerta y vuelve a lo suyo.
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