Con un vestido negro pegado al cuerpo, la qochala arranca a posar frente a la cámara sin apuro. Las chichis se le marcan apenas se para derecha, y ella lo sabe: se acomoda el pelo, gira de espaldas y deja que la tela le muerda el culo. El cuarto está ordenado, solo una silla tirada en una esquina.
De a poco se baja las tiras y el vestido queda colgando de la cintura, así nomás, con la puerta del cuarto entreabierta. Nada de luces ni estudio, porno cochabamba casero grabado con el celular apoyado en una mesa. Cuando se inclina hacia la pantalla, el culito se le sale del cuadro entero.
Termina sentada en la orilla de la cama, el vestido amarrado en la cintura y la sonrisa de quien sabe que está buena. De fondo suena la tele en otro cuarto y nadie la baja.
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