Una cochabambina se para de espaldas a la cámara junto a la piscina de una casa grande, con el bikini ajustado y sin apuro. Va moviendo el poto de a poco mientras el che la graba con el celular. Se saca la parte de arriba, queda con las chichis al aire y ya no le importa quién puede verla desde la ventana.
Se da vuelta despacio, se moja los pies en el borde y se ríe sin decir nada. Así son estas mujeres de cochabamba, seguras, sin pose, con ganas de que las miren. El sol pega fuerte y el agua brilla detrás de ella cuando termina la grabación.
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